Las piedras que he puesto en tu senda divina y el peso de mis faltas tu
cuerpo han doblado
y has caído, ya cansado, por mi abandono, agobiado.
Dame fuerzas, Señor, para endulzar el camino de otros hombres
que van cargados con sus cruces y,
para aliviarles el peso de sus penas o quebrantos.
Dame fuerzas para no abandonar mi propia cruz y acudir a consolar del
desvalido el llanto. No permitas que me quede allí, acariciando
ilusiones, mientras veo indolente, cómo otros caen y yo no acudo
a levantarlos.
Deja que mi cansancio sea el reposo de otros hombres y mi dolor sea su
alivio.
Cuando yo me doble bajo el madero de mi cruz, acude en mi socorro, no
tardes en auxiliarme,
para que no me quede allí, sin sostén en mis flaquezas.
Porque te quiero, Señor, sólo porque te quiero.
Oración:
Dame licencia, Señor, para que deshecho en llanto, pueda en
vuestro rostro Santo llorar lágrimas de amor. Bendigo tu piedad,
pues me llamas a quererte, como si de mí tuviera, tu amor,
necesidad.
Por tu dolorosa pasión,
Señor,
ten piedad de nosotros y del mundo entero.
Ten piedad de mí.