Señor, cuando por segunda vez caíste, el sol no quiso
hacerte caluroso el día, agobiarte no quería.
Acallaron las avecillas su piar; cuando inerme te vieron,
querían llorar.
La piedra por ser tan dura sollozó y cuando en sus brazos te
retuvo, se conmovió.
Yo, también, mi Dios. Soy como una piedra, dame un
corazón misericorde.
Soy como un pajarillo, acógeme en tu mano.
Me fui un día cualquiera desde el jardín de tu casa.
Y errante estoy desde entonces.
Y te encuentro aquí, cansado de buscarme.
Aquí, Señor, estoy, me has encontrado.
Ya no me siento abandonado.
No llores Señor, no llores, que me vas a hacer llorar.
Como un niño, te quisiera consolar.
Oración:Porque
es tarde Dios mío, porque anochece ya y se nubla el camino;
porque temo perder las huellas que he seguido, no me dejes tan solo y
quédate conmigo.
Por tu dolorosa pasión,
Señor,
ten piedad de nosotros y del mundo entero.
Ten piedad de mí.