Ningún amigo se acercó a ayudarte.
Lo hizo un desconocido.
Señor, ¡qué quieres que te diga! Si yo no soy capaz
de confortarte.
Te necesito.
Sé, Tú, mi cireneo. Es tanta mi pobreza, es tanta mi
flaqueza, que mi corazón precisa tu grandeza.
Mírame con compasión.
Dame la fuerza para acercarme a tu cruz, con la mía. Dame la luz
que necesito
para entender que eres Tú mi único descanso, que tu cruz
es un tesoro, que abrazado a ella es que te adoro.
Concédeme la gracia de ser, yo, un cireneo para cuanto hombre
vea vacilar, para el huérfano que pide, para la viuda que llora,
para el enfermo que implora, para el que tirita de frío, para el
que la existencia se le ha hecho seca, como el estío.
Oración:
¿Es posible, vida mía, que tanto mal te causé, que
te dejé, que te olvidé, a pesar que tu amor sabía?
Toda el alma de ti llena, me saca de mí, Señor,
déjame llorar de amor como otras veces de pena.
Por tu dolorosa pasión,
Señor,
ten piedad de nosotros y del mundo entero.
Ten piedad de mí.