Presentación

El doctor Santiago Soto Obrador, un amigo querido y un parroquiano ilustre, ha tenido la gentileza de pedirme unas palabras de presentación de este Vía Crucis que él ha compuesto para la meditación de los fieles.

Luego de haber sido rezado públicamente el Viernes Santo de 1996 en la Parroquia del Sagrado Corazón (El Bosque), y a petición de muchos feligreses, realizamos esta publicación con aprobación de la autoridad eclesiástica. Va acompañada de fotografías del hermoso Vía Crucis (recientemente restaurado) que ya casi hace cincuenta años pintó Fray Pedro Subercaseaux, osb.

El doctor Santiago Soto es un prestigioso médico internista y profesor titular de la Universidad Católica de Chile. Su calidad científica cobra una riqueza especial, ya que une a ella la dimensión espiritual del ser humano. Y, en este camino, lo más importante: la búsqueda y encuentro con Dios.

El texto nos mostrará cómo el doctor ha hecho una intensa, asidua y hermosa observación de la Psaión y Muerte de Nuestro Señor como la máxima realización de nuestra salvación y de la alegría y el compromiso implícitos para nosotros los cristianos. El seguimiento de Cristo conlleva siempre el misterio de la cruz y, la meditación del camino de Jesucristo hacia ella, es una fuente de esperanza permanente. De allí la popularidad de esta devoción en la historia de la Iglesia. Los evangelios nos hablan de los hechos y palabras de quien dio la vida por salvarnos y nos guía a la resurrección.

En cada estación, algúnos versículos de un Salmo, la pintura de fray Pedro y un trozo de una oración recogida de la tradición de la Iglesia son la fuente de inspiración de la meditación. Ella ha surgido de un gran amor a Jesucristo alimentado en la oración, que al mismo tiempo se expresa en el esfuerzo por aliviar el sufrimiento humano que el doctor efrenta a diario. El Vía Crucis nos hace comprender, usando palabras del beato Padre Alberto Hurtado, que el sentido de la vida es darse y que, a través de esa entrega alegre, se alcanza la resurrección.

La santísima Virgen María, que permaneció al pie de la cruz, nos ayudará, al rezar con estas páginas, a amar a Dios y al prójimo como Jesucristo lo hizo: hasta el extremo (cf. jn. 13,1).


Monseñor Fernando Karadima Fariña
Párroco de la Parroquia del Sagrado Corazón de Providencia
Pascua de Resurrección, Abril de 1996


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