Necesito tu consuelo, tu amparo, el alero de tu casa.
Soy como una hoja de otoño. Recógeme y colócame
entre las hojas del cuaderno de tu ternura.
Soy como un loco abejorro, déjame posarme en los pétalos
de tu bondad;
soy como un cordero perdido, ven a buscarme, amado Pastor,
tómame en tus brazos y vuélveme al redil.
Soy como tierra agostada, seca, sin simiente; siembra en mi surco
Señor.
Siembra en mi surco.
Soy, en fin, el hijo de Adán, y busco la casa tuya, tu sonrisa,
el calor de tu compañía, la hondura de tu amor, tu
palabra de cariño,
la amistad, el contacto de tu manto, la luz de tus ojos, la bondad de
tu mirada, tu comprensión.
Perdón, mi Señor.
Perdón.
Oración:
Porque he sido rebelde y he buscado el peligro, y
escudriñé curioso las cumbres y el abismo,
perdóname Señor y quédate conmigo.
Por tu dolorosa pasión,
Señor,
ten piedad de nosotros y del mundo entero.
Ten piedad de mí.