Señor: te vio caer la montaña y el río que corre
junto a ella.
Te contempló, impotente, una estrella, el árbol del
bosque, la centella.
Se silenció el trueno y el viento, gimiendo, se lo contó
al ocaso.
Y aquí estoy, Señor, buscando tus ojos, para pedirte
clemencia,
para decirte que he vuelto, que se acabó mi ausencia, que
viviré sólo en tu presencia.
Yo fui el que te empujé, mi Dios.
Perdona mi oración tímida, mi plegaria simple.
Sólo quiero decirte que cansaré tu oído con mi
llanto,
que te acariciaré con mi quebranto.
No apartes de mí tu mirada, no me huyan tus palabras, no me
falte tu aliento.
Tú, Señor, que sabes de cada estrella el nombre,
que habitas donde se hace azul el universo,
perdóname, soy sólo un hombre.
Oración:
Vamos niños al sagrario, que Jesús llorando está,
pero en viendo tanto niños, muy contento se pondrá. No
llores, Jesús, no llores, que nos vas a hacer llorar, que los
niños de este pueblo te queremos consolar.
Por tu dolorosa pasión,
Señor,
ten piedad de nosotros y del mundo entero.
Ten piedad de mí.