Tú, como Abel, inocente.
Yo, como Caín, inclemente.
Te robé los vestidos y jugué tus prendas y a otros
he robado sus haciendas, sus telares, su vivienda, el techo que les
cobija, la honra de sus hijas.
Y me perdonas, y amoroso me acoges,
aún en la cruz pendiendo.
Señor, me estoy hundiendo.
Ven. No me dejes.
Cuando tu amado rostro, demudado de dolor,
desde la cruz miraba suplicante,
yo estaba allí, Señor, no sabía lo que
hacía.
Sólo un ladrón, mejor que yo, suplicó tu
perdón.
Dame, Señor Jesús, sólo la oportunidad de ser un
buen ladrón.
Oración:
Mi alma está colmada de tristeza. Consuélame,
Señor, con tus promesas.
Ofrezcamos todos juntos nuestras vidas al Señor, los trabajos y
los dolores, la alegría y el amor.
Por tu dolorosa pasión,
Señor,
ten piedad de nosotros y del mundo entero.
Ten piedad de mí.