Manos amigas te pusieron en los brazos de tu Madre Santísima,
como un despojo.
Eras en sus brazos, Señor, como una rosa arrancada al
jardín del Paraíso.
Como una avecilla herida.
Como se dobla una gavilla.
El dolor de su pecho de madre, bebida de vinagre.
El llanto de sus ojos tiernos, una plegaria al Eterno.
Su mirada triste, acongojada, como si tuviera el alma amortajada.
Esa tarde el sol huyó. No quiso ver llorar a tu Madre.
No quiso iluminar la escena y no se atrevió a dar luz a mi
rostro desalmado cuando te puse en la cruz.
Señor, yo quiero tenerte en mis brazos, llorar tus heridas,
consolar tu quebranto.
Tenderé mi mano al marginado; al que llora enjugaré el
llanto y al que pide le daré mi manto.
Porque en ellos vives, solitario, porque en ellos mueres de nuevo, en
el Calvario.
Oración:
Aquí nos tienes, purísima doncella, más que la
luna bella, postrados a tus pies. Venimos a ofrecerte las flores de
este
suelo. Con cuánto amor y anhelo, Señora. Tú lo ves.
Por tu dolorosa pasión,
Señor,
ten piedad de nosotros y del mundo entero.
Ten piedad de mí.