Y te puse en el sepulcro.
Pero si yo soy un sepulcro. Blanqueado.
Te escondí como el ladrón las especies robadas; como el
mentiroso, la verdad rechazada.
Te levanté como un madero seco, y apenas mostré tu
desnudez
salieron brotes de fe, esperanza y caridad,
en el ladrón, en la adúltera, en el leproso del pecado y
en el ciego a tu bondad.
Te levanté como un madero seco y de tu desnudez salió un
vestido níveo y luminoso de perdón.
En tu sepulcro no puse el madero, Señor.
Permíteme hacerlo mío y cargarlo con la fuerza de la fe,
con la alegría de la esperanza de que me esperas a la puerta de
tu casa.
Dame el madero, Señor, para reposar allí el alma y el
corazón y para ser lumbre y calor de estío,
para tanto hombre que tiene frío.
Oración:
Como están los ojos de los esclavos, fijos en las manos de sus
señores, así están nuestros ojos en el
Señor, esperando su misericordia. Mi alma aguarda al
Señor, más que el centinela la aurora, porque el
Señor escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído
hacia mí.
Por tu dolorosa pasión,
Señor,
ten piedad de nosotros y del mundo entero.
Ten piedad de mí.
Fin del Via Crucis