Señor, por cargar la cruz, ni siquiera pudiste abrazar a tu
Madre.
Deja que yo la abrace y le diga lo que esa tarde de Viernes no pudiste;
deja que le entregue todo el corazón, para consolar su angustia,
para mitigar su pena.
Por cargar la cruz, sólo tus pupilas acariciaron el rostro de tu
Madre.
Permite que mis ojos sólo vean la grandeza de tu amor y la
ternura de María;
que mis ojos descubran tu presencia donde quiera que haya ausencia y
abandono.
Comprendo, señor, que mis pecados te ataron a una cruz,
que el peso de mis culpas te agobió y que mis faltas hirieron el
corazón de tu Madre Santísima.
Dame la gracia de reparar con la oración las penas que di a tu
corazón,
y con toda caridad desagraviar el dolor de tu Madre.
Oración:
¿A dónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste, habiéndome herido, salí tras de ti
clamando, y ya te habías ido.
Por tu dolorosa pasión,
Señor,
ten piedad de nosotros y del mundo entero.
Ten piedad de mí.